lunes, 19 de enero de 2009

CONTRASTE

Es evidente, y no hay más que tomarse un café para percibirlo, que al sevillano no le gusta el invierno, máxime, cuando, como es el caso de este año, el frío aprieta de lo lindo y los días de lluvia son frecuentes. Pero siempre hay otro modo de ver las cosas. Si alguien recuerda la meteorología del año pasado, la lluvia, aunque abundante, cayó con mayor intensidad y los días de lluvia fueron menos frecuentes. Además el clima invernal fue sumamente suave. Si a eso añadimos que la cuaresma fué inminente tras las pascuas, tenemos un resultado consistente en que cuando nos dimos cuenta, era Doming de Ramos. En definitiva, entre unas cosas y otras, nos hurtaron una cuaresma de nuestra vida, que no es moco de pavo.

Todo esto viene a que, cuando sintáis el frío gélido de enero, o veáis llover como si estuviérais en la calle del Franco de Compstela, pensad solamente que habrá un día, que para mayor emoción no sabemos cual será, en que sintáis en la piel un pequeño enardecimiento (este enardecimiento no tiene, en este caso, que variar según la edad, sino que depende de la cantidad de sevillanía por litro de sangre), y que, posteriormente, habrá otro en que ya, plenamente, veréis reflejado en el alma viva de la ciudad los increibles versos de D. Aquilino Duque: " Hay un añil infinito-y una cal estupefacta". Será en ese momento en el que, de verdad, podamos exclamar a pulmón lleno, "ya huele a Semana Santa". Por tanto, aguantad un poco y divisad en la cercana lejanía la explosión, centenaria y única, de una ciudad adulándose a sí misma.

1 comentarios:

Blogger Dama ha dicho...

Pues ya están aquí esos días...

25 de febrero de 2009, 3:59  

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